I

En mi tierra el cielo se torna gris con el solsticio de invierno, las nubes lo cubren por completo y no se van hasta que la llegada de la primavera es inminente. Este color trae hasta mí el recuerdo de la salamantina Carmen Martín Gaite. El tono plomizo me recuerda sus retratos, de los cuales la mayoría son a dos tintas, sobre todo ese en el que sostiene un cigarrillo y mira hacia un lado, el humo es también como el color del cielo; pienso en el tinte grisáceo que el paso del tiempo esparció sobre sus cabellos; pienso en la España en la que creció, en los días oscuros de la Guerra Civil y la dictadura.

Las obras escritas por Martín Gaite consiguieron los galardones más importantes del país, como el Premio Nacional de las Letras españolas en 1994, el Príncipe de Asturias de las Letras Españolas, el Premio Nadal y la Medalla de Oro del círculo de Bellas Artes. Además colocaron a la escritora como una de las más importantes en la literatura hispanoamericana y una de las más leídas en el siglo XX español. Se dedicó tanto a la narrativa como al ensayo, la dramaturgia y la poesía, aunque se le conoce más por sus textos novelescos y ensayísticos.

Martín Gaite, igual que sus compañeros de generación, encontró en los cuentos de hadas un refugio que la mantenía alejada de la muerte, la sangre y toda la oscuridad ocasionada por el alzamiento militar. Sus obras tratan temas que están ligados al existencialismo y el mundo de los cuentos infantiles, además del contraste existente entre la visión del mundo que poseían los adultos y la de los niños.

Sus personajes femeninos a menudo encarnan el papel de la mujer sumisa y abnegada, que es consciente de su situación, pero no puede o no intenta hacer algo para cambiarlo, con un tono de denuncia. Los textos literarios de la autora consiguieron darle la voz que no poseía en el mundo real, y que todavía es fuerte y clara, no una que “se quedaba en el alero/ confiada,/ meciéndose en la espera/ cuajada de horizontes”.[1] Una voz, que junto a la de Ana María Matute, Carmen Laforet y Josefina Aldecoa, le dio la fuerza femenina a la Generación del 50. Una voz que demostró que Martín Gaite formaba parte del círculo literario de entonces por su mérito propio.

II

El clima invernal me trae también la imagen de la Reina de las nieves, la veo dibujada en el vapor que cubre mi ventana, va en su trineo, secuestrando a Kay, alejándolo de Gerda. Después de Kay veo a Leonardo, el protagonista de la novela de Martín Gaite, cuyo título es el mismo que el del cuento de Andersen, veo los pasos que da en búsqueda de una identidad, de un lugar al que pueda pertenecer. El joven al que el cristal que tiene metido en el ojo le impide encontrar el sentido de su vida. Veo la Quinta Blanca, reposando en un espacio indefinido e impenetrable.

La reina de las nieves (1994) recrea el cuento de Andersen, nos muestra a un joven, Leonardo, que tras salir de la cárcel recibe la noticia del fallecimiento de sus padres, se encuentra solo por completo. Leo se ve perdido y trata de encontrarse por medio de sus recuerdos infantiles, en éstos predomina la aparición de cuentos de hadas, sobre todo los escritos por Andersen, la abuela, lo más parecido a una figura materna que tiene a su alcance el protagonista, la ausencia, no completa pero sí constante, del padre y la frialdad de la relación madre e hijo que existe entre Leo y su mamá (madrastra).

Leo sigue el camino trazado por la literatura, va tras las historias que le contaba su abuela, los libros que su padre le recomendaba, los libros que encontró en su casa vacía tras volver de la cárcel. Todo lo anterior lo lleva a redescubrir su refugio de la infancia, a pasar horas siguiendo las líneas escritas por un desconocido, pero que reflejan su ser como si fuesen propias. Encuentra, también, una parte de la historia de su padre que le era ajena, descubre la presencia de Sila, la joven de la que su padre estuvo enamorado, y descubre también el sacrificio que hizo: tener un hijo y entregarlo a su amor y la esposa de éste. La novela termina con el reencuentro del joven y su madre real, que cuando le abraza logra que se le salga el cristalito del ojo, de la misma manera en la que Gerda logra salvar a Kay del hechizo de la reina de las nieves.

[1] Martín Gaite, Carmen, Canción rota, consultado en: https://trianarts.com/carmen-martin-gaite-cancion-rota/#sthash.ykPupfaT.EzkyCtnz.dpbs

Bibliografía

Martín Gaite, Carmen, La reina de las nieves, 1994, Anagrama, Madrid

Referencias electrónicas


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