Pero si es necesaria una definición
para el papel de identidad, apunte
que soy una mujer de buenas intenciones
y que he pavimentado
un camino directo y fácil al infierno.
Fragmento de “Pasaporte”.
Rosario Castellanos

Rosario Castellanos (1925-1974) es una de las autoras más influyentes en la literatura mexicana femenina, se desempeñó en teatro, ensayo, relato, novela y poesía (siendo esta última donde adquirió más notoriedad). Sus textos incorporaban la temática femenina y/o  indígena, es decir, aludían a grupos que no tenían voz (o se escuchaban aún más bajo en ese entonces). Rosario toma a aquello desconocido y lo reclama como suyo, lo enaltece en medio de un discurso literario, le da forma y fondo a personajes que antes no tenían siquiera un argumento, busca la identidad de esta otredad tan ignorada por el mundo, llena de matices su obra, dejando su vida en cada palabra, reclamando a la sociedad esta indiferencia con una limpia carcajada.

Castellanos, a lo largo de su obra, nos deleita con su ironía[1], pieza fundamental de todos sus escritos, y “Lección de cocina” no es la excepción. Mediante el relato hace referencia a este sentido del humor, que si no se toma en cuenta, convierte al texto en nada. Así, de la ironía se desprende el propio discurso feminista, y se forma la identidad de la figura femenina. La autora no revela todo de manera obvia, lo deja ambiguo, como si quisiera que sólo unos pocos escucharan su queja, que el resto del mundo piense que ella era aburrida, o una mujer entre tantas que creían saber escribir. Castellanos plasma entre líneas su feminismo, esconde a la mujer completa detrás de una de oficio.

La ironía como recurso literario

“Lección de cocina” es uno de los cuatro textos que integran Álbum de familia, en éste se nos presenta un monólogo de una mujer recién casada. ¿El conflicto?, superficialmente es el cocinar, pero en realidad es la búsqueda de la identidad de la mujer en este nuevo entorno que se le presenta, lo que significa casarse y lo que esto conlleva: el desprendimiento de su antiguo “yo” y la adjudicación de uno nuevo. La escritora retrata en dos niveles la lucha interna: la que es propiamente dicha por la protagonista y la de la carne que sirve de metáfora sobre el futuro de esta joven mujer.

En el cuento, se nos presenta a una mujer que no va dentro del canon tradicional, por lo menos en su pasado. Pero este pasado no importa más, ahora se tiene que enfrentar a nuevos retos, y ha de dejar ir sus destrezas, “destrezas que ahora he de olvidar para adquirir otras. Por ejemplo, elegir el menú.”[2]. Castellanos crea a una mujer fuera de lo común, de lo práctico, y la pone en una de las situaciones más ordinarias, cocinar, lo cual no debería ser algo difícil en el supuesto de que todas las mujeres saben hacerlo. Es importante no perder el tono que contiene todo el escrito, darse cuenta de la burla, del pequeño guiño después de las frases. Laura Guerrero describe la ironía de Castellanos como:

Ironía cuestionadora, ironía verbal estable, observable; ironía desestabilizadora e inestable: del sino, metafísica, de carácter; personajes irónicos, vidas irónicas; discurso literario irónico, obra irónica. Sátiras, parodias, palimpsestos, juegos de palabras, paradojas que cuestionan la existencia  y el pensamiento humano. Desnuda el absurdo, juega con las palabras, muestra la falsedad de los discursos esencialistas y logofalocéntricos al repetirlos y burlarlos.[3]

Retomando el texto de Rosario, la protagonista (de la cual no sabemos el nombre, lo que recalca el mínimo peso que tiene como persona dentro de la sociedad) se encuentra en el conflicto más grande del día a día en la vida de la mujer mexicana, ¿qué cocinar?, Castellanos escribe: “¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados?”[4]. Rosario no grita o hace llamados revolucionarios a las mujeres del mundo a que se unan para derrocar al sistema patriarcal, simplemente deja ahí en tres líneas su inconformidad bajo una sonrisa sutil y elegante.

Para Guerrero, “Castellanos utilizó la ironía para cuestionar y jalonear, a veces lúdicamente, a veces de manera trágica el estereotipo de lo femenino así como los estereotipos de la escritura.”[5]. Rosario recalca con su ironía lo ridícula que es la representación de la mujer en la sociedad mexicana de su época (y un poco de la nuestra), donde su problema existencial más grande se puede derivar de una comida. “Sí, ya sé que no debo preocuparme: que alguna de las hadas que revolotean en torno mío va a acudir en mi auxilio y a explicarme cómo se aprovechan los desperdicios.”[6]

La figura femenina

Si hay algo recurrente en la literatura de Rosario Castellanos, es la búsqueda de la identidad femenina, sus personajes se enfrentan a diversas situaciones que les hacen preguntarse quiénes son y cuál es el papel que van a desempeñar en la vida. Desde mujeres jóvenes y solteras, hasta viudas de avanzada edad, Castellanos las confronta con  su realidad inmediata y las hace partícipes de una angustiosa búsqueda ontológica, como si ser mujer no fuera ya sumamente complicado.

En este caso, tenemos a una mujer joven, que recién ha contraído nupcias  y choca con otra realidad, el convertirse en ama de casa. Conforme va avanzando el texto  el enfrentamiento parece no poder postergarse más. La inconformidad aparece al principio apenas tangible: “Y gemía, de desgarramiento, de placer. El gemido clásico. Mitos, mitos.”[7]. La narradora hace sólo pequeños comentarios, se contiene, deja su rencor casi inaudible como si tuviera miedo de que la escucharan, entonces sigue hablando entre líneas. Esto no significa que ya haya perdido su voz, porque después dirá:

Pero es mentira. Yo no soy el sueño que sueña, que sueña, que sueña; yo no soy el reflejo de una imagen en un cristal; a mí no me aniquila la cerrazón de una conciencia o de toda conciencia posible. Yo continúo viviendo con una vida densa, viscosa, turbia, aunque el que está a mi lado y el remoto, me ignoren, me olviden, me pospongan, me abandonen, me desamen.

Yo también soy una conciencia que puede clausurarse, desamparar a otro y exponerlo al aniquilamiento.[8] (Cursivas personales)

Es importante rescatar que la protagonista viene de una clase media[9] ya que: “El feminismo actual, como reflexión teórica, reconoce a la familia burguesa como la estructura básica de opresión para la mujer  asimismo de represión de la sexualidad femenina y de su arrinconamiento a lo privado”[10]. Si fuese una mujer de clase baja se vería en la necesidad de trabajar e ir más allá en su papel como integrante de la sociedad, pero su situación económica le permite darse «el lujo» de quedarse en su casa, y menciona: “Gracias por haberme abierto la jaula de una rutina estéril para cerrarme la jaula de otra rutina que […] ha de ser fecunda.”[11]. En este momento parece que la mujer ha sido vencida por el sistema y que acepta la condición con la que ha de vivir para siempre, la de esposa que es poco menos que mujer.

Pero entonces, sigue la pelea, ella lucha contra lo que es, lo que ha forjado durante toda su vida, y a lo que ahora tiene que someterse. “Porque perdí mi antiguo nombre y aún no me acostumbro al nuevo, que tampoco es mío.”[12].  Se rehúsa, sin embargo, sabe que no le es posible  “Soy yo. ¿Pero quién soy yo? Tu esposa, claro. Y ese título basta para distinguirme de los recuerdos del pasado, de los proyectos para el porvenir. Llevo una marca de propiedad […]”[13]. Es una metamorfosis, sabe que el haberse casado fue una “colisión”, pero no tanto entre ellos dos, ya que él sigue imperturbable su vida de antes, mientras ella ha renunciado a todo por él, sabe lo que le espera, que no es impredecible ni una aventura. Castellanos logra retratar por completo a la mujer mexicana con el siguiente fragmento:

Yo rumiaré, en silencio, mi rencor. Se me atribuyen las responsabilidades y las tareas de una criada para todo. He de mantener la casa impecable, la ropa lista, el ritmo de la alimentación infalible. Pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana, no puedo cambiar de amo. Debo, por otra parte, contribuir al sostenimiento del hogar y he de desempeñar con eficacia un trabajo en el que el jefe exige y los compañeros conspiran y los subordinados odian. En mis ratos de ocio me transformo en una dama de sociedad que ofrece comidas y cenas a los amigos de su marido […][14]. (Cursivas personales)

Ahí se encuentra la base del discurso feminista de este cuento, todo lo que va en contra de la figura femenina, y cómo su papel sobrepasa su persona y su género. Convirtiéndola en una esclava de la monotonía, donde tiene que interpretar el mismo rol hasta su muerte. Es entonces cuando la frase “hasta que la muerte los separe” adquiere otro sentido, ¿hasta que la muerte separe a  quién, a la mujer de su esposo, o a la mujer de su yugo? Pero, hay una escapatoria, no siempre debe terminar así: “El sistema decreta la inferioridad de la mujer y la condiciona a los efectos de utilizarla para la reproducción de un orden que supone la desigualdad, la opresión y la explotación de una mayoría de términos clasistas y sexistas, pero suscitando el consenso de la propia víctima.[15](Cursivas personales)

Para cerrar, en la revisión de la obra de Rosario Castellanos, es importante tomar en cuenta que su discurso es feminista de manera evidente y que se construye a partir de la ironía, que refleja las situaciones comunes en las que las mujeres de la segunda mitad del siglo XX estaban inmersas, y en las que según ellas no había escapatoria. “Castellanos cumple cabalmente con aquello que viene echando de menos en las mujeres de su país: la denuncia de un estado de cosas que resulta intolerable para la mujer, lo mismo planteada directamente, sin ambages, que administrada en forma caricaturesca o satírica”[16].

Castellanos, a través de sus letras, les brinda a las mujeres una oportunidad de salir de su absurdo, les da herramientas, argumentos para poder debatir la penosa situación en la que viven aisladas. Sabe que no las puede sacar de esta pseudo comodidad en la que existen, pero les proporciona un “Y sin embargo…”[17] para que lo utilicen de la manera más conveniente y que puedan, de una u otra manera, ser mujeres plenas, que ninguna de ellas se minimice a tal grado que tenga que decir: “Poesía no eres tú. Porque si tú existieras tendría que existir yo también. Y eso es mentira.”[18].

-Yázkara
NOTAS
  • [1] “Ironía” definida por la RAE: 1. f. Burla fina y disimulada. 2. f. Tono burlón con que se dice.  3. f. Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.
  • [2]Castellanos, Rosario. Álbum de familia. Joaquín Mortiz, México, 2012. P. 7
  • [3]  Guerrero Guadarrama, Laura. La ironía en la obra temprana de Rosario Castellanos. Ediciones y gráficos Eon. Universidad Iberoamericana. México, 2005. P. 14
  • [4]Castellanos. Op. Cit. P. 8
  • [5]Guerrero. Op. Cit. P. 12
  • [6] Castellanos. Op. Cit. P.12
  • [7] Íbidem. P. 9
  • [8]Castellanos. Op. Cit. P. 10
  • [9] Ésta es una situación constante en todo Álbum de familia.
  • [10]López, Aralia. “La vida ‘no’ es un espejismo de merengue y  fresa.” en De la ironía a lo grotesco. UAM Unidad Iztapalapa División de Ciencias Sociales y  Humanidades, México, 1992, P. 155
  • [11]Castellanos. Op. Cit. P. 12
  • [12]Íbidem. P. 11
  • [13]Íbidem. P. 14
  • [14]Castellanos. Op. Cit. P. 15
  • [15]López. Op. Cit. P. 155
  • [16] Urrutia, Elena. “Rosario Castellanos: Despertar de la conciencia feminista”. Revista de la UNAM, México,  P. 78
  • [17]Frase con la que Castellanos cierra el cuento de “Lección de cocina”. [18]Fragmento de “Poesía no eres tú” de Rosario Castellanos.
bibliografía:


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *