Biruté Ciplijauskaité propone el término novela de concienciación como una categoría para la novela femenina española del siglo XX. La autora parte de la premisa de que la literatura femenina es diferente de la masculina y, por ende, debe estudiársele con mecanismos distintos, pues hay una variación de características, en las que se encuentran diferencias tanto de composición, como de léxico, sintáxis, y cuestiones estilísticas[1].

La categoría de Ciplijauskaité parte de la bildungsroman, o novela de formación, en la que está presente el “desarrollo físico, psicológico, moral o social de un personaje generalmente desde la infancia hasta la madurez”[2], por ejemplo, El guardián entre el centeno (1951) de J. D. Sallinger, o Jane Eyre (1847), de Charlotte Brontë. Sin embargo, el propósito es la creación de una conciencia, por parte del protagonista y que, dadas las características autobiográficas, se puede relacionar con la conciencia de la escritora.

Si bien el término se propone exclusivamente para las novelas de escritoras españolas, el presente escrito tiene como propósito presentar El amor es hambre de Ana Clavel como una novela dentro de las características establecidas para la novela de concienciación.

Dentro de las características planteadas por Ciplijauskaité se encuentran el narrador en primera persona, el relato contado en tiempo pasado y el tono autobiográfico. Creo pertinente aclarar que las características autobiográficas se encuentran ausentes en la obra de Clavel, pero la forma en la que se presentan las otras y el significado de diferentes sucesos permiten situar la novela dentro de dicha categoría.

El primer punto que tocaremos es la narración. Ésta se hace en primera persona y tiempo pasado, Artemisa, la protagonista de la historia, es la encargada de relatar su historia, teniendo como objetivo hacer un recuento de lo transcurrido desde su adolescencia hasta su madurez.

El diario que lleva el personaje reestructura sucesos, siendo el objeto que produce la concienciación, en sus palabras “la memoria se parece a una pantalla de cine donde se proyecta una película que, según las circunstancias, editamos, ampliamos y corregimos para entender o reafirmar el confuso presente”[3]. Vemos, pues, como la protagonista tiene claro que su propósito es rememorar las imágenes del pasado para encontrar o entender el lugar que tienen en el presente.

Para Ciplijauskaité los procesos de concienciación se crean a partir de sucesos que marcan el fin de una etapa, y que, al escribirse o relatarse después, muestran cómo se empezó a ver el pasado con ojos distintos y el aprendizaje que tal o cual acontecimiento impulsó[4]. En la novela de la escritora mexicana la concienciación se produce en torno a la sexualidad y el despertar de ésta en el personaje principal.

Dicho despertar se produce en diferentes momentos, empezando con recuerdos de sus primeros años, en las que el deseo sexual se presentaba en imágenes que obtenía a través de sus padres, y que, según el testimonio de la protagonista, “se esmeraron en afianzar esos aprendizajes carnales”[5].

El siguiente proceso empieza con el accidente en el que mueren sus padres y comienza la vida con sus padrinos, donde su deseo sexual empezó a cobrar vida, y la llevó a tener sus primeros encuentros con el sexo opuesto. La inocencia estuvo presente en cada uno de ellos, por eso cobran importancia en el momento en que se evoca su recuerdo, al ser contempladas con la mirada de la mujer adulta, y ya no con la emoción del momento presentado a ojos de la niña.

El ejercicio de memoria tiene una carga de análisis, así, cuando Artemisa recuerda sus primeros acercamientos con Rodolfo, se da cuenta de la implicación que tuvieron éstos en su vida y la manera en que afectaron sus futuras relaciones y decisiones.

El diario de Artemisa tiene como destinatario Rodolfo, lo escribe mientras está al lado de la cama en la que él está postrado, sirviendo como el objeto que obliga al personaje, de forma inconsciente, a analizar sus idas y venidas desde que se alejó de él, para, cuando el parta del mundo terrenal, poder responder a las preguntas ¿quién soy? Encontrando respuesta en la mujer que fue y ¿a dónde voy? Encontrando la respuesta en los lugares en los que estuvo antes.

La conciencia de Artemisa se genera a través del placer, que en ocasiones obtiene del sexo y otras de la comida, aunque la mayoría de las veces sea por la mezcla de todos sus sentidos compaginando la degustación de alimentos con la carnal. El amor es hambre entra las características de la novela de concienciación porque las lecciones son aprendidas a través del recuerdo, de la observación y análisis que se presentan al contemplar la vida con la distancia temporal.

-Amatia
Notas
  • [1] Ciplijauskaité, Biruté, La novela femenina contemporánea (1970-1985): hacia una tipología de la narración en primera persona, Anthropos, España, 1998, p. 17.
  • [2] Manuel López Gallego, El Bildungsroman. Historias para crecer, Tejuelo, nº 18 (2013)p.63
  • [3] Clavel, Ana, El amor es hambre, Alfaguara, México, 2015, p. 11.
  • [4] Ciplijauskaité, op. Cit, p. 17.
  • [5] Clavel, op. Cit. p.
Bibliografía
  • Ciplijauskaité, Biruté, La novela femenina contemporánea (1970-1985): hacia una tipología de la narración en primera persona, Anthropos, España, 1998.
  • Clavel, Ana, El amor es hambre, Alfaguara, México, 2015.
  • López Gallego, Manuel, El Bildungsroman. Historias para crecer, Tejuelo, nº 18, 2013.
  • Orozco Vera, La forma autobiográfica como configuración del discurso literario femenino en la narrativa de Marta Brune Y MARÍA LUISA Bombal, Anales- de literatura hispanoamericana, nñm. 23. Editorial Complutense, Madrid, 1994.


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