Qué tan terrible es el rechazo, hablo del rechazo en todas sus representaciones; ser la hija no favorita, no conseguir un trabajo, ser plantado en una primera cita, no caber en la ruta. Ser un R. En primera instancia se asumiría que ser rechazado es terrible y es que más que algo real, la reprobación se vuelve un estado mental, una clase de prisión. Mientras que el concepto de ser rechazado es intolerable y degradante, la idea de rechazar, irónicamente, es formidable. Pero, pensemos: ¿qué conlleva el rechazo? ¿es tan malo? La marginalidad como algo terrible nace en el seno de lo colectivo y es que las pruebas de los múltiples beneficios del contacto social y físico están ahí, nadie quiere ser un completo outsider, incluso el más terrible de los mafiosos tiene debilidad por sus mascotas, ser importante para alguien es necesario ¿verdad?

Playlist para extravío hace justicia a su nombre y conduce, con una serie de sobresalientes técnicas narrativas, así como un amplio abanico de temas y sentimientos, a la reflexión de la inconsciencia; primero, las historias nacen a partir de canciones poco familiares y, para quien no sepa dejarse llevar, quizá difíciles,  no sirve de nada resistirse. El índice que conforman, tanto la música como las historias, es uno que pide al lector abandono, para así sumergirse en el torrente de pensamiento de Arely Valdés.

Hijas olvidadas, enamorados condenados al desencuentro o suicidas dantescas guiadas por Virginia Woolf, los protagonistas poseen un rasgo de marginación de alguna u otra forma, sea por un ambiente social que les es hostil o por elección propia (renuncia). El sentimiento de soledad es continuo, sin embargo, no es una soledad apabullante que hiere y deja indefenso, al contrario es una aceptación del ser solitario como algo innato.

De una forma intensa que no permite dejar de ver el desastre la autora vuelca sus miedos que son a la vez los de una generación: la pérdida, el reemplazo, la insuficiencia, la insignificancia (de nuevo la desaprobación). Y es que siempre será más fácil, cobarde, pero alentador evitar el ridículo del rechazo. Quedarse en casa durante dos semanas y no experimentar otro contacto que el que ofrece el Internet y la TV. Qué delicia.

Arely Valdés habla de primera mano sobre el tedio, la indiferencia, la individualización excesiva, la sobreexposición de la vida privada, y más tarde este absurdo, y completamente verídico, momento en que eres incapaz de ser cercano (físicamente o en el mundo real) a alguien con quien hablas a diario y a quien le has contado toda tu vida por chat.

Ahí surge otra problemática: la dificultad para entablar una intimidad con el otro: “Odié cada segundo que pasé a su lado pensando en el mejor pretexto para comenzar a marcar distancia.” Esta cita de uno de los cuentos, titulado “Homesick” refleja, de nuevo, el mismo temor a ser desechados y su solución: evitar la cercanía, olvidar antes de ser olvidados. Las rupturas de relaciones son otra clase de fracasos, tal vez, el que mayor peso tiene en la actualidad. Nadie quiere estar solo, no obstante, todos lo estamos y la autora es consciente de ello. Dentro de los relatos podemos ver el desarrollo (o nulo desarrollo) de las relaciones contemporáneas que oscilan entre una desmesurada consciencia del yo y el encierro.

Arely Valdés tiene muy claro cuál es el mal que nos embarga: la incomunicación, no obstante, no parece estar muy segura de si vale o no la pena lograrlo, para qué explicar lo que no es percibido. Sus personajes tienen una peculiar cualidad con la que es fácil identificarse; pareciera que en realidad viven forzando los límites de lo inevitable; saben quiénes son, saben lo que pueden hacer con ello, conocen la solución a sus dilemas (reales o inventados) empero, prefieren desviarse hacia la viciosa reflexión: el overthinking. Esta es una juventud hija de la cavilación y la crítica que carece de acción. Lo sé porque pertenezco a ella, soy víctima y victimaria ¿qué se puede esperar de alguien que tarda cuarenta minutos en decidir qué ver en Netflix?

La aceptación, al igual que el bienestar o la felicidad, no podrán ser nunca completos e inalterables. Valdés lo menciona varias veces; el cambio es lo único seguro. A través de nociones como la rareza, lo combativo, y su incómodo beneplácito, Playlist del extravío nos permite apreciar de cerca a la autora porque Arely Valdés es su escritura. Con cualidades que van desde la descripción de sentimientos hasta ahora no nombrados o la posibilidad de resumir toda una existencia a una frase, la narradora crea un repertorio para el “no ser apto”.

-Alba V. González Rodríguez


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