Homenaje a la Catalina que todas llevamos dentro, epitafio a todos los Andrés con los que hemos salido

El rol de la mujer…

Comenzando con la definición de este concepto el rol de género son: pautas de acción y comportamientos asignadas a mujeres y a hombres respectivamente, e inculcadas y perpetuadas por el proceso de socialización. (Como se cita en Herramientas para la Transversalización de Género en el PNUD, p.33).

El rol de género es una genialidad del patriarcado. Es el “deber ser” lo que se supone que se debe cumplir de acuerdo con las expectativas de la sociedad y va marcado por el género, en este caso masculino y femenino. Para expandir:

El género, por lo tanto, no se refiere simplemente a mujeres u hombres, sino a la relación entre ellos, y a la forma en que ésta se establece socialmente. Debido a que es una expresión relacional, el género incluye a mujeres y hombres. Al igual que los conceptos de clase, raza y etnicidad, el género es una herramienta de análisis para comprender los procesos sociales.
(Fondo Chile, p.3).

Es decir, que el género impregna cada aspecto de la vida y son una especie de lentes y orientan el comportamiento propio y como tratar a los demás. El tener esto tan metido en el ADN hace imposible reconocer formas alternas de ser mujer y hombre sin que se les condene de alguna manera o se aluda a argumentos refiriéndose a esto como “un insulto a la biología”, es necesario recordar siempre que el rol de género es un constructo social y nada tiene que ver con la biología, así lo aclara Lamas:

Un desarrollo más equitativo y democrático del conjunto de la sociedad requiere la eliminación de los tratos discriminatorios contra cualquier grupo. En el caso específico de las mujeres, la mitad de la población, se ha vuelto una necesidad impostergable de los distintos órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal) el diseño de políticas que tomen en cuenta las condicionantes culturales, económicas y sociopolíticas que favorecen la discriminación femenina. Estas condicionantes no son causadas por la biología, sino por las ideas y prejuicios sociales, que están entretejidas en el género. O sea, por el aprendizaje social. (Lamas, p.1).

Es importante rescatar esto porque a simple vista no pareciera que Catalina desafiara esta idea ya que se casó, fue madre y madrastra abnegada, esposa fiel (por un tiempo) e incluso fue la pareja de ornamento perfecta para un gobernador. Pero, no es así del todo, Catalina se desentiende de eso, gana voz y pierde abnegación que parece una virtud imprescindible en la mujer ideal según normas sociales. Además, el rol de género hace fuertes las relaciones de poder, que se han mencionado previamente, por lo que es importante el movimiento que se da en el feminismo contemporáneo para deconstruirlo.

La autora da la ilusión de que Catalina es la que está narrando su historia, por lo tanto, sus pensamientos son fundamentales para entender todo lo que pasa. Un ejemplo es cuando Catalina desafía a la maternidad con esto: “Le había visto crecer a mi cuerpo una joroba por delante y no lograba ser una madre enternecida. La primera desgracia fue dejar los caballos y los vestidos entallados, la segunda soportar agruras que me llegaban hasta la nariz” (p. 35).

A pesar de estar entregada a su rol, en cierta manera, desmitificó que ser una madre sea lo más hermoso del mundo para una mujer. Bibi y ella lo llegan a comentar y hablan de que es una idea errada pensar que la mujer embarazada es la más feliz y completa.
En México hay toda una idolatría en torno a la madre, así que estos prejuicios siguen arraigados hasta la medula y se juzga a quien no quiere ser mamá o a quien se queja por la dificultad que representa. Se sigue ligando a la mujer al instinto maternal cuando este es un mito. Ser madre debería pensarse como una decisión personal y no volverse de orden público y político.

Algo muy singular dentro del rol de género de la mujer es una división que categoriza en dos a las mujeres. Por una parte, se presenta a una mujer virginal, es decir la mujer que se va a casar de blanco y “que vale la pena”, que quieren (los hombres) como esposa y por otro lado se tiene a la prostituta que es una mujer que les sirve como objeto de placer y es imposible visualizar proyectos de vida con ella.

Una premisa de la acción antidiscriminatoria es reconocer que la cultura introduce el sexismo, o sea, la discriminación en función del sexo mediante el género. Al tomar como punto de referencia la anatomía de mujeres y de hombres, con sus funciones reproductivas evidentemente distintas, cada cultura establece un conjunto de prácticas, ideas, discursos y representaciones sociales que atribuyen características específicas a mujeres y a hombres. Esta construcción simbólica que en las ciencias sociales se denomina género, reglamenta y condiciona la conducta objetiva y subjetiva de las personas. O sea, mediante el proceso de constitución del género, la sociedad fabrica las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres, de lo que se supone es «propio» de cada sexo.
(Lamas, p. 2).

Es de los problemas, que emergen con el machismo, que más escozor da porque esta diferenciación habla de que a una mujer se le otorga más calidad que a otras. Si la mujer se sale de esta regla de cumplir con las cualidades necesarias se le ve como un fracaso.
En los roles de género como los hombres y mujeres tienen lugares muy bien delimitados. En las reuniones en casa de Catalina los hombres se iban a un lado de la habitación a hablar de cosas importantes y las mujeres a hablar de la familia, la servidumbre, la maternidad. No sólo estos temas eran inferiores, sino que los hombres no querían acceder a ellos y si una mujer quería acceder al mundo varonil difícilmente lo iba a lograr. Catalina explica: “Volví al grupo de las mujeres. Prefería oír la plática de los hombres, pero no era correcto. Siempre las cenas se dividían así, de un lado los hombres y en el otro nosotras hablando de partos, sirvientas y peinados. El maravilloso mundo de la mujer, llamaba Andrés a eso” (p. 73).

No es algo que haya dejado de pasar, la verdad es que diferenciar películas, textos o conversaciones por género es falaz, pero como dice Isabel:

En el caso de la mujer el relegamiento se reproducía por el mandato cultural, porque el hombre era el que tenía que proveer a la familia, a la casa, el que tenía que garantizar el sustento, y hoy, la crisis y la desocupación hace que las mujeres sean las que mantengan incluso a sus propios esposos desocupados.(Rauber, p.43.)

Aunque, con el paso natural del tiempo las mujeres han tenido que ser integradas en espacios que no eran propios de ellas y esto abre puertas a acortar la brecha de desigualdad de género entre hombres y mujeres y a dar un giro nuevo al rol de género.

[…]

-Naz Saldaña

Bibliografía y Webgrafía:

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