Homenaje a la Catalina que todas llevamos dentro, epitafio a todos los Andrés con los que hemos salido

[Nota de la editora: Decidimos separar la ponencia en tres partes con el fin de facilitar la lectura. Esta es la primera de tres.]

Este trabajo tiene la intención de mostrar la relevancia de la novela “Arráncame la Vida” de Ángeles Mastretta publicada en 1985, en los estudios feministas no sólo por su composición literaria sino por las cuestiones de género que maneja pues pareciera que sólo han cambiado los años y todos los problemas siguen vigentes. Se planteará el por qué se le puede llamar una novela feminista ahondando en situaciones que se exponen, pero sobre todo en el personaje de Catalina. Se tomarán los problemas y vivencias diarias de “Catita” para equipararlos con los que tiene y sufren hoy en día las mujeres, además de analizarlos bajo una perspectiva feminista y así ver que de alguna u otra forma todas alguna vez han sido Catalina.
No se tomarán las partes del libro por el orden cronológico del mismo sino por el orden de los temas que se pretende abordar que son: relaciones de poder, el rol de género con énfasis en el de la mujer y el empoderamiento de la mujer.

Relaciones de poder…

Catalina tiene 15 años y vive en Puebla, conoce al General Andrés Ascencio que le dobla la edad y de buenas a primeras decide casarse con Catalina iniciándola en la vida de esposa de un político. México está en su etapa post revolucionaria y todavía no se asienta el país como república democrática y la política es un escenario donde se tienen que interpretar papeles para cumplir con las apariencias.
En la parte de relaciones de poder se puede ver cuando Andrés llega para casarse con Catalina y se desarrolla el siguiente dialogo:

—¿Están tus papás? —preguntó. Si estaban, era domingo. ¿Dónde podrían estar sino metidos en la casa como todos los domingos? —Diles que vengo por ustedes para que nos vayamos a casar. —¿Quiénes? —pregunté. —Yo y tú —dijo. Pero hay que llevar a los demás. —Ni siquiera me has preguntado si me quiero casar contigo —dije. ¿Quién te
crees? —¿Cómo que quién me creo? Pues me creo yo, Andrés Ascencio. No proteste y súbase al coche. (Mastreta, p.16).

El hecho de que Catalina accediera, dejando de lado el enamoramiento o la admiración que pudiera sentir por el general, habla del poder que él como hombre tiene para llegar y llevarse una mujer como si un objeto fuera, sabiendo que la va a subordinar a una vida ad hoc a él. Además, una cita de Rauber para entender porque esta dominación se da de manera tan natural:

Vista así, la liberación femenina y la igualdad de roles entre los seres humanos de distinto sexo, sería una consecuencia inevitable (mecánica) de la solución del conflicto fundamental, que se logra con la toma del poder. Este presupuesto parte de otro: atribuir la existencia de la discriminación de las mujeres y del machismo al capitalismo, cuando en realidad, sí bien en este sistema se han desarrollado y afianzado, el origen de las asimetrías discriminatorias hacia las mujeres, data de mucho antes, tiene su fundamento último en la cultura patriarcal-machista históricamente constituida y afianzada en distintos sistemas sociales. Por eso es tan difícil de superar. Y por eso no se elimina supera automáticamente con la supresión del capitalismo, como lo demuestra la mayoría de las experiencias socialistas de este siglo (Rauber, p. 35-36).

Trasladándolo a la actualidad, no es raro que una mayoría de mujeres sienta presión social por tener pareja y eventualmente casarse. Han pasado más de 30 años de este libro y parece que la vida marital sigue siendo la principal meta de una mujer, aunque tenga otras aspiraciones en lo laboral. ¿Cuándo a un hombre se le entrena toda la vida para tener la vida resuelta, aparentemente, mediante la unión marital?
Otra escena que habla del papel privilegiado del hombre es esta: “Andrés pasó cuatro años entrando y saliendo sin ningún rigor, viéndome a veces como un a carga, a veces como algo que se compra y se guarda en un cajón y a veces como el amor de su vida” (p. 31).
Catalina sólo era un accesorio, su vida parecía tener un papel secundario en la vida de Andrés. Siempre estaba esperando sus órdenes y sus afectos. Hasta la fecha las mujeres están esperando a un hombre que sea la parte importante y fuerte de la relación, en su propia historia son las menos importantes, para reforzar esta idea:

La subordinación a la cual ha estado sometida la mitad de la población -las mujeres- a través de diversos períodos históricos es producto de formas específicas de organización de las sociedades, donde lo femenino y lo masculino no es el resultado de una definición biológica, sino la consecuencia de una desigual e injusta jerarquización respecto de las prácticas sociales, las funciones y la ubicación que se tenga en la sociedad. (Fondo Chile, p.3).

En estas relaciones nada equitativas el hombre le da valía y respalda a la mujer, no solo dándole estatus social y el titulo de señora sino proveyendo seguridad hacia ella. En el libro el caso más claro es el de Bibi una viuda de un médico que queda a merced de su suerte. Ella le relata a Catalina lo difícil que es haberse quedado sola, refiriéndose a su viudez: “Estoy harta de no tener protección, Catalina. Es horrible ser viuda pobre, todo el mundo te quiere meter la mano. Y casi nadie te deja nada” (p. 113).
Éste es un ejemplo que se ve en una situación muy específica, pero hay que pensarlo en las relaciones modernas, es más seguro ir a un bar con un hombre porque pasan a estar bajo su protección y esto evita situaciones de acoso u hostigamiento, en cambio, si van cinco amigas, “van solas”, se ven desprotegidas y aumenta su inseguridad.
El hecho de que se respeten a una mujer porque va con un hombre significa que al que respetan y reconocen como igual es al hombre. Esto muestra cómo pasan a ser ciudadanas que se pueden equiparar con infantes, porque por sí solas no tienen acceso a un reconocimiento inmediato como entre ellos.
La suerte de Bibi cambia en lo económico, pero no mejora en lo sentimental, empieza a salir con un hombre casado y poderoso. Catalina asiste a una de sus enormes fiestas y
presencia una escena en la que el Odilón (la nueva pareja de Bibi) intenta ahorcar a Bibi y sucede el siguiente dialogo:

-No es nada –me dijo-. Está jugando, ¿verdad, mi vida? – le pregunto a Odilón, que en segundos había cambiado la mirada de loco enfurecido por una de perro juguetón.
– Claro, Catita. ¿Usted cree que yo quiera lastimar a esta niña preciosa? Si la adoro. A veces jugamos un poco brusco, pero todo es juego. Perdonen ustedes si los asuste. Música, por favor, maestro (p.120).

Las relaciones de poder entre hombres y mujeres son el terreno perfecto para sufrir violencia de género, no porque el hombre sea un agresor natural sino por la dominación natural hacia la mujer que se ha aprendido de manera natural por la estructura social. La violencia física y sexual hacia la mujer es hacerle saber que como hombre se puede disponer de ella en todas las maneras y abarcar todos los aspectos de su vida, con o sin consentimiento. Hoy en día abundan noticias sobre feminicidios en México y no es que se hayan incrementado, sino que ahora son denunciados, no sólo hay Catalinas en México, también hay miles de Bibis.
El género como categoría para analizar es una nueva manera de mirar la realidad que permite identificar diferentes roles o papeles y actividades llevadas a cabo por hombres y mujeres en una sociedad, observando asimetrías, relaciones de poder e inequidades. Permite reconocer las causas y formular mecanismos para acortar las brechas de género. Ayuda a explicar y ampliar aspectos de la realidad previamente no considerados, y es aplicable a todas las esferas de la vida, incluyendo el trabajo, la educación y cuestiones personales. (Fondo Chile, p.3).
Esta es la última cita de este apartado para empezar a ver que el género brinda orientación en las relaciones, no necesariamente para bien, y a su vez para dar una introducción al siguiente tema.

[…]

-Naz Saldaña

Bibliografía y Webgrafía:


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