Jouska

Jouska

Reconoció estar en aprietos cuando cayó en cuenta, después de meses, que sostenía conversaciones imaginarias con él. Mientras esperaba el camión o en la fila para el cajero, se planteaba el motivo del encuentro y las primeras palabras a intercambiar. Cuando algo no le parecía, rebobinaba y empezaba de cero. Si decía cualquier cosa que sonara poco adecuada, repetía la escena entera o si encontraba un mejor sitio para el desenvolvimiento de la conversación también rehacía todo. Lo cierto es que ni siquiera podía recordar el timbre de su voz. De un modo u otro, reconoció estar en aprietos. Los ensayos de platicas habían iniciado de manera tan natural, que no lo notó hasta estar en cama, dando vueltas, sin poder dormir, porque la película mental en turno, no la convencía.

Nadie en su vida gozaba de tal privilegio. Ni su familia ni sus amigos disponían de una atención tan fina. El cuidado del lugar, del tema, de la disposición de las nubes en el cielo, de la ropa, de las emociones que saltaban chisporroteando. Fantasías con las que se satisfacía a sí misma a falta de valor para hacerles cobrar vida. No ocurría en la realidad, pero ocurría, y eso la conformaba para continuar su día a día. Sin embargo, aceptó que era problemático, porque en mitad de un oficio la historia se disparó sin permiso. Frente al monitor, en una mañana de trabajo, él le llamaba hola disculpa sé que tal vez estás ocupada, no tienes por qué disculparte no hacía nada importante, ¿ya almorzaste? Si te parece puedo pasar por ti y vamos a lonchar a este lugar que me recomendaron, me encantaría. Entonces se puso de pie y se acercó a su vecino de escritorio para ofrecerle el emparedado y la fruta picada que había preparado a primera hora de la mañana para sí, porque sabía que su vecino siempre compraba doble en la cafetería de enfrente. Y cuando fue su descanso matutino para almorzar, salió de la oficina, se instaló frente al edificio y aguardó.  Por supuesto, él nunca llegó.

-Arely Valdés


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