Ahora mismo pienso en las miles de películas e historias que hay de naves alienígenas invadiendo nuestro planeta, en los extraterrestres que nos atacan con artefactos que son muchísimo más avanzados que los nuestros. Veo seres con tentáculos que empuñan, o como se le diga a la acción de sostener y apuntar un arma con tentáculos, armas capaces de vaporizar humanos, sin la menor distinción.

¿Quieren salvar al mundo de la amenaza que representamos? ¿Les gustan los lugares turísticos de nuestro planeta y quieren destruirnos para evitar vacacionar con personas molestas que tiren basura o pongan música a un volumen extremo sin importar si a algún marciano le duele la cabeza o si hay un bebé procedente de, el ya no planeta, Plutón que necesite dormir? ¿Les gusta el oro, o cualquier otro metal o piedra preciosa,  y nos aniquilan para explotarlo libremente?

Después de las cuestiones anteriores pienso en la imagen que se nos presenta de ellos, la más recurrente es la del ser de cuerpo parecido al nuestro, pero con una enorme cabeza y ojos grandes, en la piel verde y una mano que no tiene cinco dedos. También está la imagen del extraterrestre con tentáculos enormes y ojos en unas antenas, como si se tratase del cuerpo de un caracol gigante. Qué extraños y diferentes hemos de parecer a sus ojos, quizá estas diferencias sean el verdadero motivo por el que nos asesinan sin pestañear, aunque no descartaría la idea de querer deshacerse de los turistas molestos.

Cuando le doy vuelta a estas ideas pienso que lo que nos asusta de los alienígenas es que se parezcan tanto a nosotros, que sean capaces de cometer las mismas atrocidades que los terrestres hemos cometido toda la historia. La ciencia ficción nos muestra un espejo que nos refleja como sociedad, nos pone en los zapatos, o botines espaciales, de otros, para que veamos y entendamos la magnitud y el impacto de acontecimientos que, por la distancia temporal, no parecen afectarnos. Cuando la víctima es la humanidad en general, y no una persona con características parecidas a las nuestras pero de diferente raza, sexo o religión, los  actos se vuelven terribles e injustificables.   

Pienso que así debió de parecerle también a Octavia E. Butler, que desde pequeña fue testigo de las desigualdades e injusticias que se cometen en un mundo que vive en una permanente lucha de clases. La pequeña Junie, apodo por el que le nombraba su madre, diagnosticada con dislexia, empezó a refugiarse en las historias de naves espaciales, viajes en el tiempo y sociedades utópicas y distópicas, por medio de las lecturas de revistas como Amazing, Fantasy and Science Fiction y Galaxy[1]e inventando las propias, la autora relata que:

Para escapar de la soledad y el aburrimiento comencé a escribir mis historias cuando tenía doce años, estaba viendo una mala película de ciencia ficción titulada «La Diabólica chica de Marte» y decidí que podía escribir una historia mejor. Apagué la televisión y lo intenté. Y he estado escribiendo ciencia ficción desde entonces.[2]                                                                                                                  

Octavia Butler utilizó sus obras literarias para hablar de problemas sociales relacionados con la discriminación de tipo racial, de género y religiosa. La ciencia ficción se convirtió en el medio en el que una pequeña niña pudo dotarse de voz, una que empezó siendo ficticia, pero se volvió tan fuerte que resonó en el mundo real, y que la convirtió en la Dama de la ciencia ficción.       

La obra de Butler nos recuerda que, aunque se desarrollen en otro tiempo, o planeta, las obras pertenecientes a la ciencia ficción no dejan de mostrar lo que está mal con nuestra sociedad. Mi utopía es que dejemos de temer a los alienígenas pensando que son como nosotros, porque si son civilizaciones que nos llevan años luz de ventaja, lo más probable es que no se nos parezcan en nada,  y que dejemos de juzgarnos a nosotros en torno a las morales religiosas que tanto mal han hecho a nuestro mundo en los diferentes siglos de la historia humana.                                                                                                                              

     -Amatia        


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